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Llegar a la Luna

# MissiontotheMoon

Estos son los Part-Time Scientists

El equipo Part-Time Scientists se ha extendido por todos los rincones, pero todos los hilos se mueven en Berlín. Esta es la visita a un grupo de fanáticos del espacio.

Hubo un tiempo en el que todos tenían prisa por llegar a la Luna. La carrera espacial entre el este y el oeste finalizó el 21 de julio de 1969, cuando la misión Apolo 11 puso al primer ser humano en la superficie lunar. En total se completaron con éxito seis alunizajes tripulados, pero el nombre de la mayoría de los astronautas ha sido prácticamente olvidado. La Luna será siempre territorio de Neil Armstrong y Buzz Aldrin.

Buzz Aldrin posa como imagen de cartón a tamaño natural en el despacho de los Part-Time Scientists, situado en el barrio berlinés de Hellersdorf. El equipo capitaneado por Robert Böhme lleva desde abril de 2015 alquilando un local en esta zona industrial. La autopista cercana, flanqueada por campos y prados, conduce al hipódromo de Hoppegarten. A 200 metros del despacho se encuentra la frontera con el estado de Brandeburgo.

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“Por el precio del alquiler que pagamos aquí por nuestro despacho de 177 metros cuadrados ni siquiera habríamos encontrado uno de 40 en el centro de la ciudad”, dice el jefe del equipo, Robert Böhme. “Necesitamos un sitio donde podamos dar golpes con el martillo, hacer ruido y armar jaleo incluso a las tres de la madrugada. Así que este sitio es perfecto”.

Si todo marcha según lo previsto, este es el lugar donde se ganará la próxima carrera espacial. En 2007, la fundación XPRIZE, dirigida por el empresario estadounidense Peter Diamandis, anunció el Lunar XPRIZE. Cuando falló la financiación intervinieron los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin. Por este motivo, el proyecto se conoce ahora como Google Lunar XPRIZE. Sin embargo, las condiciones siguen siendo las mismas: el primer equipo financiado con capital privado que sea capaz de hacer aterrizar de forma segura un vehículo en la Luna conseguirá 30 millones de dólares. Este vehículo debe avanzar al menos 500 metros sobre la superficie lunar y transmitir a la Tierra unos datos determinados. Además de los aficionados al espacio de Hellersdorf, los participantes con mayores opciones son dos equipos de EE. UU., uno de Japón y otro de la India.

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Karsten controlará los movimientos del vehículo en la Luna a través de señales emitidas desde la Tierra.
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“Lo que me fascina del sector aeroespacial es su exclusividad”.

“No se trata de un producto que se pueda vender a cientos de clientes. Cada misión es una aventura”, comenta Karsten Becker. Becker, natural de Hesse, es el ingeniero electrónico del equipo, responsable del diseño de la conexión con el vehículo. Una señal tarda tres segundos en desplazarse desde la Tierra hasta la Luna y volver.

“Para nosotros, lo importante es la ingeniería avanzada, no el premio. Y creo que hablo por todos cuando digo esto”. Esto queda patente por el hecho de que todos los miembros del equipo llevan años dedicando parte de su tiempo de forma voluntaria a este proyecto. El equipo principal lo integran de 10 a 20 personas, y en total el grupo lo forman unos 70 entre fanáticos del espacio, físicos, matemáticos y otros expertos. Entre ellos se encuentra Jack Crenshaw, programador de 80 años y antiguo trabajador de la NASA, que incluye entre sus méritos el cálculo de las trayectorias de las misiones Apolo.




Como los demás miembros del equipo, Karsten Becker ha dedicado su tiempo libre en los últimos años a sacar la misión adelante. En 2009, después de haber asistido a una conferencia de Robert Böhme en el Chaos Computer Camp, se incorporó a los Part-Time Scientists. Sin embargo, en abril de este año, el proyecto de Part-Time Scientists dejó de ser un simple pasatiempo y este antiguo doctorado de la Universidad Técnica de Hamburgo trabaja ahora a tiempo completo en el nuevo despacho de Hellersdorf. Que el vehículo se pueda dirigir en la superficie lunar depende de Karsten. La primera impresión que se tiene al mirar cualquiera de sus pantallas es que está jugando al solitario, como siguen haciendo, por extraño que parezca, cientos de miles de oficinistas en Alemania. Pero, en realidad, el fondo verde es la superficie de una placa de circuitos y los objetos no son cartas sino componentes electrónicos.

“Huyo de estructuras cerradas”.

Jürgen Brandner es uno de los miembros austríacos del equipo. Vuela una vez al mes desde Salzburgo a Berlín para tener contacto personal con sus compañeros. “Normalmente nos quedamos aquí hasta las doce de la noche. No tenemos flujos de trabajo rígidos como en cualquier otro trabajo. No tenemos esas limitaciones. Nuetra ilusión por el proyecto es lo que nos hace dedicarle 16 horas al día de forma voluntaria sin darnos cuenta de cómo pasa el tiempo”.


Esta devoción por el proyecto es fácil de explicar. Procede del hecho de haber encontrado un objetivo en el que poder verter toda su pasión.

Jürgen Brandner es el responsable de garantizar que los circuitos del vehículo funcionen correctamente. Es el encargado de la ingeniería de precisión o, dicho de una manera más sencilla, Jürgen Brandner y su equipo diseñan todos los componentes mecánicos que resultan visibles en el vehículo. Cada rueda se puede controlar de forma independiente y girar en todas las direcciones.

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"Necesitamos utilizar la Luna como trampolín para viajar a Marte”.

“Necesitamos utilizar la Luna como trampolín para viajar a Marte. Por eso, una de las cosas que vamos a enviar al espacio es una impresora 3D. Aunque todo lo que imprima sea un pequeño cubo, queremos demostrar que puede funcionar”, explica Brandner. “En el futuro, los componentes tendrán que ser fabricados en la órbita de la Luna. Enviar el material en un cohete desde la Tierra no funcionará porque superar la gravedad consume demasiada energía”.


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Robert Böhme, Karsten Becker, Jürgen Brandner. Todos los miembros del equipo están unidos por el sueño de lanzar al espacio una nave de 90 x 70 cm que parece un pariente lejano de WALL-E. En abril, los Part-Time Scientists superaron con éxito un objetivo que les reportó 750.000 dólares. El coste de lanzar un cohete para llevar su vehículo a la Luna ascenderá a 24 millones de euros, incluidos diversos tipos de seguros. Hace poco, la fecha límite para que los equipos culminen el proyecto se amplió hasta el 31 de diciembre de 2017.

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